miércoles, noviembre 04, 2009

Julie & Julia


Anoche fui al preestreno de Julie y Julia, la nueva de Meryl Streep y Amy Adams.
Todavía no sé si me gustó; es de esas películas que me tengo que pensar si me gustan o no unos días después de verlas.
La película cuenta la historia de la cocinera televisiva Julia Child, en los años 40 y de la treintañera-fracasada-en-la-vida, en el 2002. Tanto una como otra estuvieron nominadas en los Oscar del año pasado, aunque claro, para Meryl Streep no tiene ningún mérito, porque siempre está nominada.
El caso es que la película está bien, en general, pero tiene un par de cosas que no me terminan...
Por ejemplo, está dirigida por Nora Ephron, directora de pelis como Tienes un e-mail o Embrujada que, vale, se pueden ver un domingo por la tarde comiendo tostones, pero tanto una como la otra tienen (o no tienen) algo que hace que no cuajen.
Por otro lado, la actuación de Meryl Streep resulta bastante rara, así como si estuviera borracha todo el tiempo. Por supuesto, no es que esté borracha y, de hecho, son esos movimientos casi espasmódicos y ese acento de personaje siniestro de los Simpson los que le dieron la nominación, porque la verdadera Julia era así de rara. Pero claro, ¡en España no hemos visto nunca el programa de Julia Child!
Otra cosa extraña de ver es que por lo visto la tal Julia era una giganta, y por eso cuando Meryl Streep está en una cocina, siempre te crees que está sentada o subida un taburete o algo, y cuando alguien la acompaña en esa misma cocina, la encimera le llega algo más arriba, con lo que nunca sabes si está de pie o qué. Además, se han empeñado en rodearla de personas más bajas, como Stanley Tucci, que unas veces es un gnomo y otras una persona normal (¡y encima hasta mitad de la película no sabes si es estadounidense como ella o francés!).
Para exagerar la altura, también le ponen a Julia unos zapatos descomunalmente enormes. Una cosa es llevar tacones, y otra que te pongas unos zancos y unas plataformas, y a la vez te quejes de que el lavabo es muy bajo.
Pero es que para colmo, cuando la ves sentada en un restaurante con otras personas, se nota un montón que le han puesto otro asiento bajo la falda porque, no es sólo que le veas el cuerpo un tercio más largo que el de cualquier otra persona, sino que en una escena incluso se nota el asiento a través de la falda!!
Y ya para terminar, todo esto tiene como consecuencia que para el papel de la hermana, fruto de exagerar tanto la falsa estatura de Meryl Streep, sí que han tenido que contratar a una giganta de verdad, completamente desproporcionada, que tiene por marido al señor más pequeño del mundo, con lo que todo queda raro de más.

Y ya hablando de otras cosas, Julie decide, por unos u otros motivos que no voy a contar, escribir un blog sobre cierto tema, como un reto, como algo estable en su asco de vida; algo que por fin no vaya a dejar a medio.
Y viéndola recordé la emoción de cuando recibí mi primer comentario, y la sensación de no saber exactamente cuánta gente te lee, si es que te lee alguien, y el estrujamiento mental que supone tratar de escribir cada vez mejor para tus lectores, sean 2 o sean 1000.
Y pensé en el camino que ya he recorrido con el desván y el que queda (si es que queda) por recorrer.
Y decidí que tal vez ha llegado el momento de ir cerrando frentes abiertos y, cuando estén atados y bien atados, empezar un nuevo camino, con un rumbo diferente.


Pdt.: Recomiendo ir al cine con el estómago bastante lleno.

miércoles, octubre 28, 2009

Manchester Cap.5 York




Los sábados hacíamos excursiones de todo el día. El primer sábado fuimos a York.

Si Chester me había encantado sólo tres días antes, cuando llegué a York se convirtió en una birria de pueblo. York es fantástico.

York es una mezcla de ciudad medieval y vikinga, escenario de luchas entre duques y reyes por el poder. Además, había una festival de verano, y todo el pueblo estaba adornado con flores, lleno de gente, bandas de música, tiovivos, pastelerías, y había varias tiendas de osos de peluche (una de ellas con el oso de peluche más grande del mundo y una tetería en el piso de arriba). En definitiva, todo lo que yo consideraba típicamente inglés (¡por fin!).




En York teníamos que ver The Shambles, unas calles muy muy estrechas, donde casi no hay luz, donde hay demasiada gente parloteando demasiado alto, y en las que no te puedes quitar de la cabeza que en la Edad Media circulaba por ese mismo suelo toda clase de... cosas, compartiendo acera con grandes piezas de carne, conservadas al fresco. Pero es bonito verlas.


Además, el pueblo estaba lleno de cementerios de los que me gustan, esos de lápidas verdes y torcidas, donde podría estar enterrado cualquier personaje de Jane Austen. Uno de ellos incluso era la terraza de un bar! Increíble.


En fin, que fue uno de los mejores días de todo el viaje, a pesar de que estaba bastante mala, cosa que me sirvió para comprar las aspirinas más baratas de mi vida (16 aspirinas por 16 peniques!!) y como excusa para tirarme en todos los parterres de césped que veía por ahí.

martes, octubre 20, 2009

Esto no es lo que yo había planeado para mi primer día de vacaciones

¿Qué se puede hacer en la universidad para matar el tiempo (¡qué cosa tan fea!) cuando ya has terminado (por fin!) tu DEA y has ido a recogerlo pero no lo han encuadernado todavía y descubres horrorizada que te queda una hora hasta que puedas recoger a tu hermana y te vayas a tu casa a seguir descansando o caer en coma directamente, fruto del agotamiento mental y físico de los últimos meses, en especial las últimas semanas y, sobre todo, los últimos días?
Nada. Una vez has mirado el correo, el tuenti, el facebook y el reader, ¿qué más te queda? Nada.
JOp. Me aburro. Me aburro y aburrirse no es una buena manera de empezar mi recién estrenada edad: los 21 (bis). No es justo.
Tengo sueño.

domingo, octubre 11, 2009

Manchester Cap.4 Chester

Como decía hace casi un mes (¡!), por suerte, no estábamos todo el tiempo en Manchester.

La primera salida fue a Chester.
Antes de ir, Charlie, nuestro profe, nos enseñó algunas cosas de Chester. Por ejemplo, que fue fundada por los romanos, y por eso tienen el anfiteatro permanente más grande de Gran Bretaña, capaz de acoger a 7000 personas. Una chufa. Es muy bonito y todo eso, todo rodeado de verde y con niños jugueteando por los alrededores, pero como anfiteatro romano, habiendo visto los que tenemos en España, es una chufa. ¡Es muy pequeño!




También íbamos a ver el Eastgate Clock, que se hizo en 1897 para celebrar el aniversario de la reina Victoria (que es mi fans, como diría mi amigo Yosua). El reloj sí que me sorprendió; sólo por eso ya merecería la pena ir a Chester. Bueno, por eso... y por los muñecos de jengibre y todas las galletas que había por allí, mmmmm. Galletas con chocolate, con adornos de colores, con brillantina, de todas las formas y tamaños, mmmm galletaaaaaaaasss!!!


Otra cosa que merece la pena es la catedral, que es impresionante, aunque nos quedamos sin entrar, porque era bastante cara, y sólo estábamos en el segundo día del viaje. Normalmente me repatea no entrar a los sitios pero, la verdad, las iglesias, catedrales y demás de por allí son bastante parecidas unas a otras, así que...






Fue en Chester donde vimos por primera vez un cartel que había por todas partes, que prometía mucho, y que en realidad no llevaba a ningún sitio: DIVERSION.
Y como no habíamos gastado tiempo en la catedral, nos fuimos a dar una vuelta por el río Dee. Una vuelta mucho más intensa de lo que yo necesitaba. Es un río navegable, así que estaba el barco de Mark Twain, el de Lady Di... todos muy grandes, muy estables y con bar. Así que cuando uno de los profesores nos enganchó a mi hermana, a otro chaval y a mí para dar una vuelta en barco, me pareció bien. Peeeeeeeero, él no se refería exactamente al crucero, sino a unas barcas a pedales. Por supuestísimo, me negué a pedalear, así que le tocó a mi hermana, por tonta, y al profesor, y yo me dediqué a grabar en vídeo unas imágenes muy bonitas que no se pueden ver porque no apreté el botón correcto de la cámara.

Lo que sí que tengo grabado es el momento en el que me pongo a gritar como una loca y a decir todo tipo de burradas como si me hubiera poseído la niña del exorcista porque a alguien le pareció muy gracioso balancear el bote hasta casi volcar.

Al final no volcamos, me mantuve alejada del agua hasta Lake District (la última excursión), y no volví a acercarme a ese profesor en todo el viaje (por suerte no me daba clase).

miércoles, septiembre 23, 2009

Manchester Cap.3 Libros

Estaba remoloneando un poco por el ordenador porque iba a acostarme, pero luego he pensado estudiar otro rato, pero luego he pensado que estoy hasta las narices de la tesina, y que últimamente no hago otra cosa… y el caso es que he encontrado un post antiquísimo, del 14 de enero de 2007, en el que escribía sobre Orgullo y prejuicio. Amelche me comentó que había comprado una copia en inglés cuando estuvo en Manchester y me ha hecho gracia encontrarlo precisamente hoy, que me ha vuelto a hablar de ese viaje en los comentarios de mi último post. Así que abrimos nuevo capítulo.

Libros.
Una tarde de primeros de julio fui con mi madre a casa de una amiga suya que tiene una casa en el campo con piscina. Salió el tema de mi viaje, y otra amiga suya que también estaba allí dijo que en sus viajes al Reino Unido lo que compraba eran libros. ¡Libros! ¡Cómo no se me había ocurrido antes!? Libros. Y esa es mi historia acerca de por qué mi equipaje de mano estaba casi vacío y mi maleta era la menos pesada de todo el grupo cuando volamos a Manchester.

Enfrente de la universidad, casi en la misma puerta de la BBC, había un gran puesto callejero de libros, de esos que me gustan tanto. Allí hice mis primeras compras: The violet book for girls, por tres libras, y My Christmas book of Stories & Carols, por 50 peniques. Muy buena compra, sobre todo por el primero, que tiene casi 100 años, y que fue un “Prize awared to Ida Wilson for conduct, progress at attendance at Bilcon C Inf’ School”. Nada más que por eso ya merece la pena, ¿no? Si Ida Wilson levantara la cabeza…

Luego vinieron los demás (muy pocos para ser yo): Emma, de Jane Austen, y un libro para mi madre y otro para mi padre, en York, por 8 libras en total, en una librería (de libros nuevos) de York, Rumpelstinskin (¿está bien? Nunca he sabido escribirlo), por una libra, en un súper de mi pueblo para mi primo pequeño, y un diccionario Collins (sólo en inglés) en el Arndale (Ándale para nosotras) del centro, por 49 peniques, firmado por mis amigos. Yo quería el grande de tapas duras, que era sorprendentemente barato y no pesaba mucho pero, además del peso, está la cuestión del tamaño, así que…

Ahora me arrepiento de no haberme traído más.
21.9.09 23:56

miércoles, septiembre 16, 2009

Manchester Cap.3


14.9.09


Uno de los suvenires más buscados por mis amigos era una camiseta/taza/imán/llavero que ponía I (corazón) MCR. Desde el segundo o tercer día allí supe que yo no, yo no amaría Manchester. Aun así me traje una postal por aquello de Mass Communication Research. Si el que no se conforma es porque no quiere…


Manchester.


Antes del viaje, me entretuve algunos ratos mirando la ciudad en el google earth y no encontré gran cosa. La catedral es bonita, el ayuntamiento impresionante, gigante y precioso, y hay muchos edificios bonitos. Además tenía una noria de 60 metros plantada en el centro de la ciudad.
Pero no sé qué había en el ambiente que no me terminaba de cuadrar. No es la ciudad europea, ni siquiera inglesa que yo imaginaba. Bien podía haber sido un barrio chungo de Chicago. Todo son franquicias norteamericanas, tiendas de comida mega-basura… Además todo era desorden aquí y allá. Entre otras cosas, la circulación, la ropa de invierno en verano (incluso cuando hacía calor), y gente haciendo cosas que no son lo normal.

Por ejemplo, los únicos estudiantes que quedaban en la universidad nunca hablaron con nosotros, nunca compartían ascensor, tenían un sitio a parte en la cantina y estudiaban en otra planta. Eran mujeres vestidas de negro de arriba abajo, completamente, cara y manos incluidas, que siempre iban acompañadas por un hombre. No me cuadraba que fueran a la Universidad pero llevaran tapados hasta los ojos. Y así otro montón de cosas. Desde las tres religiones que me ofrecían todos los días en la calle más comercial, o las iglesias reconvertidas en pubs, hasta los taxistas que no hablaban inglés y que no te sabían llevar a ningún sitio sin que les dieras el post code, pasando por gente con el valor de mezclar unos leggins de cebra con un vestido de leopardo, todo aquello me desconcertaba.


En cuanto a la ciudad en sí, tiene trozos muy muy feos, pero otros bastante bonitos, como el Triangle, que es donde está la noria, plaza en la que se mezcla lo más nuevo y lo más antiguo. Centros comerciales de cristal y hierro frente a pubs casi medievales y la catedral. Esto es así porque el IRA tiró una bomba (o las que fueran) y se vino todo abajo menos un buzón de correos, así que los mancunianos construyeron una bonita plaza.
Pero sobre Manchester seguiré otro día. Además, por suerte, también nos sacaban de allí...

jueves, septiembre 10, 2009

Manchester cap.2 Las clases

8.septiembre.09
Al día siguiente, mi hermana y yo tomamos nuestro primer 42A para ir a la universidad. Allí conocimos a dos chicas de Cáceres que estaban haciendo el mismo curso pero con la beca del MEC y ya llevaban allí una semana, así que no nos perdimos ni nada.
Llegamos, nos hicieron un examen y nos repartieron en clases.

Las clases.
En mi clase había otro chico de 23 años, dos de 21 y, el resto, de 19 a 15 años. Resultado: un caos total. Yo ya soy muy mayor para ir con gente de 15 años. No nos hacen gracia las mismas bromas, no hablamos de los mismo y no tenemos el mismo concepto de mispadresehangastado800euracosparaquevengaaaprenderinglés.
La mayoría se pasaba un cuarto de hora para hacer un ejercicio y el resto se lo copiaba de otro que hubiera terminado antes (normalmente yo). Una era especialmente cargante porque decía: “María, ¿qué has puesto en la 2? ¿Y en la 17? ¿Y en la diez? ¿Y en la…?”. Al cabo de tres minutos y 20 preguntas tenía las 20 respuestas de fonética.

A la hora de corregir pasaba algo que no había visto, no desde el instituto, sino desde los primeros cursos de la primaria. El profesor leía la pregunta y nosotros decíamos la respuesta. Hasta ahí normal. Pues bien, en mi clase estaba el proclamado “líder del grupo”, del que hablaré otro día, y una niña de 15 años, de las que hablan todo el tiempo. Los dos juntos eran una mezcla que saturaba a cualquiera. En el momento que cualquier compañero de la clase contestara antes que ellos, ya te podías olvidar de contestar nada, porque iban soltando todas las respuestas antes incluso de que el profesor preguntara.

Otro tanto sucedía para salir a la pizarra; sólo salía quienes ellos decidían. Los dos primeros días. Al que hizo tres me aburrí de ellos, me senté en primera fila y me tiraba como una loca a la pizarra hasta dos o tres veces por ejercicio. Luego hubo que hacer una revista: ganamos. Un concurso de arriba el lápiz: ganamos.

Y así, gracias a esos dos pesadicos, regresé a lo que habían sido mis años del cole: un aburrimiento total. Escuchaba lo que decía el profesor, al que milagrosamente entendía perfectamente, y luego desconectaba y hacía mis ejercicios. Y cuando terminaba seguía con los siguientes, y los siguientes… y luego pensaba en las musarañas hasta que el profesor explicaba otra cosa. Y vuelta a empezar. Si me hubiera esforzado más en el examen, me habrían puesto en el siguiente nivel y todo hubiera sido muy diferente.

Resultado tras el examen final del curso: junto con otra chica, las mejores notas, no de la clase, sino de todo el nivel intermedio: Excellent en pronunciación, escritura y participación.
Lo mejor fueron algunas de la clase de mi hermana que salían diciendo: “bueno, por lo menos me han puesto dos fail, que es aprobado”. Sí, nena, aprobado y con nota.