lunes, septiembre 18, 2006

Mirando alrededor


Una de las cosas que he podido hacer mientras trabajaba este verano ha sido observar. Entre el tedio, el aburrimiento y una conversación cada día más estúpida e insulsa con mi compañero, sólo me quedaba refugiarme en observar a la gente que pasaba cada día por la playa. Cuando desconectas de tu propia historia comprendes la inmensidad de todo lo que te rodea. El mar, que se pierde en el infinito, el horizonte, que siempre está tan lejos, el cielo y su inmensidad... incluso la cantidad de granos de arena que caben en tu mano. Pero si hay algo realmente inmenso es la historia de la gente; cada persona que te rodea tiene una vida propia y vive rodeado de gente que a su vez tiene la suya... y así hasta que vuelves a llegar a ti. Por eso me fascinaba tanto mirar a la gente y descubrir quién era su familia, sus vecinos, lo que hacían... y verlos día tras día disfrutando de las vacaciones.

Muchas veces me fijaba en los niños pequeños; puede que el año anterior no hubieran nacido, incluso que sus padres ni siquiera supieran de su existencia. El año que viene ya no serán así.
Pero una tarde que bajé a la playa con mis padres vi algo que me emocionó realmente.
Unos metros a mi derecha, había una mujer sentada en una toalla. Era una de estas personas que tienen una expresión en el rostro que hace que parezca que siempre están felices, un rostro que transmitía paz y serenidad. Pelo corto y cano, ojos claros... unos 50 años. De pronto, lo que parecía ser un pelotón de toallas se levantó y resultó ser una niña pequeña, de unos 4 años, negra como el tizón, que tras dedicarle una sonrisa se le sentó encima a la mujer y se acucunó en ella. La señora la envolvió con una toalla y la abrazó, protegiéndola del aire frío que corría aquella tarde. Era tan feliz...
En ese momento deseé que el tiempo se hubiera parado, que se quedaran así para siempre. Puede que ella pensara en lo mismo; el año que viene la niña no cabrá en su regazo, con el tiempo crecería y ella se haría demasiado mayor como para sentarse en la arena con ella. Aquel instante era único e irrepetible.
Pero el tiempo no paró; la niña saltó de sus brazos y se fue a hacer pipí a la orilla mientras la mujer se reía de la ocurrencia de la cría. Luego recogieron todo y un minuto más tarde habían desaparecido para siempre. Pero la mujer había sido tan feliz...

4 comentarios:

if dijo...

Hay veces en las que se pueden ver cosas increibles con sólo levantar la mirada de nuestro ombligo.

María dijo...

La verdad es que sí.
Siento haberte decepcionado, porque tú querías que hablara de hombres pero... como puso Stefy en su blog, esto luego lo lee cualquiera.

xnem dijo...

Uf! Menos mal if que me ha hecho caso a mi, sino ya la veía escribiendo sobre el culo de los tíos y si se depilan o no las orejas. Ves! Observar, es TODO un arte, "el mar que se pierde en el infinito" que gran tema. María, así vamos bien, nadie dice que sea fácil, no lo es escribir con un solo tema -aunque sea muy amplio- y tampoco escribir " cada día sobre cosas diferentes" a mi eso me parece dificilísimo. abrzo.
Por cierto he hablado hace un ratico con Murcia. Están todos como siempre.

xnem dijo...

y la foto mu chula.