lunes, abril 28, 2008

Una cosa más para la lista


Yo no tengo la culpa; nací así, ¿qué le voy a hacer?
Si ya se me da mal el deporte cuando sólo tengo que utilizar mi cuerpo, ¿cómo va a ir mejor la cosa teniendo que tirar de algo postizo?
El domingo mi padre me llevó a jugar al tenis por primera vez en... yo qué sé los años, ocho por lo menos. Me llevó porque no puede vivir si no juega al tenis todas las semanas, y como mi primo no iba este finde, pues me tocó a mí.
Cuando llegamos al polideportivo, me llevé la primera decepción: yo no iba vestida de jugar al tenis; la gente allí iba fashion total, y yo iba francamente cutre. Eso sí, la raqueta más bonita seguía siendo la mía, con su impecable funda lila.
Otra decepción fue comprobar que nuestra pista estaba rodeada de otras pistas. Los de mi derecha jugaban bastante bien, y pasaban del resto de la gente, pero los de la izquierda... no hablaban español, pero podía notar cómo se reían de mí en otro idioma cada vez que mi padre me daba con la pelota. ¡Es una sensación muy molesta!
Además, las verjas que separaban las pistas eran demasiado bajas, así que repartí varias pelotas entre la gente de alrededor. Y yo decía: papá, ¿por qué no podemos jugar en una pista de esas con paredes? Pero nada.
Cada dos por tres, tenía que oír a mi padre diciendo que no sólo juego mal, sino que además lo mío es contagioso, lo cual no es muy motivador que digamos. Luego se empeñó en que cambiara de raqueta y cogiera la suya nueva, que por lo visto es lo más de lo más de las raquetas, pero al cabo de cinco minutos, no sé por qué, me la quitó.
Total, que un poco antes de terminar la hora, sentenció: "Hija mía, dios no te ha llevado por los caminos del tenis". Y nos fuimos.

jueves, abril 17, 2008

Y entonces llegó Ally


Hace nueve años, por estas fechas, Ally llegó a mi vida. Y llegó para quedarse. Para bien o para mal, forma parte de mí.

Desde entonces, siempre ha estado en mis mejores y peores momentos, sobre todo en los peores. Traía la música, los amigos, y el mundo perfecto donde todo se soluciona al final del capítulo, donde se te permite soñar, incluso tener alucinaciones... donde ser diferente estaba bien visto.

Con el tiempo llegué a ser una verdadera experta en la serie; la veo en español, pero a veces la cambio al inglés, o incluso el alemán, conozco el título de casi todos los capítulos, me doy cuenta de los cambios de dirección y producción, reconozco de inmediato a los actores que salieron alguna vez en la serie... incluso sé qué capítulos se estaban grabando cuando fui al concierto de Vonda Shepard. No la he visto tantas veces; simplemente, conectamos.

Con el paso de los años ha cambiado mi forma de verla. Ahora, siendo mayor, hemos sufrido a la vez desengaños, momentos eufóricos, temidas vísperas de cumpleaños, primeras citas desastrosas... ha sido divertido.

Todo este rollo (que me deja muy mal parada, la verdad) venía porque estos últimos meses he ido recogiendo lo que ella llama 'macbealismo', es decir, frases, neuras y demás, que muchas veces podrían salir de mi propia boca, y que voy a ir escribiendo aquí cuando me venga bien, igual que alguna vez he hecho con letras de Fangoria.

Esto es todo lo que puede salir hoy de mí. Simplemente, hoy no me encuentro bien.

jueves, abril 10, 2008

En lo más alto de la más alta torre...

Ayer pude ver cumplido uno de mis sueños más antiguos: subir a lo más alto, a la torre de la catedral.
Puede parecer poca cosa, pero desde que tengo uso de razón he querido subir allí arriba. Así que cuando volvieron a abrir la torre al público me alegré un montón (aunque hasta ahora no había tenido ocasión de ir), y cuando una de las amigas de mi hermana dijo que no podía ir y me quedé con su puesto... ¿cómo rechazarlo?
Tenía todo preparado: la cámara de vídeo, la de fotos, pilas... Hasta que no estuve allí no podía terminar de creer que fuera a subir de verdad. Tan emocionada estaba, que olvidé un pequeño detalle: tengo un vértigo que me muero.
Todo empezó nada más entrar al museo para reunirnos con el resto del grupo. Habían dejado al descubierto parte de los restos de la antigua mezquita y había que andar por un cristal para llegar al otro extremo de la habitación. Aquí no sabría decir qué era peor: el vértigo provocado por el hecho de que el suelo real estuviera a varios metros de mis pies, o el miedo a morir atravesada por un cristal de dos centímetros de grosor si éste se rajaba con el peso de toda la gente.
Luego empezamos a subir. Estaba tan contenta que iba pegando saltos, que es como ando cuando estoy feliz. El guía había amenazado con pendientes muy pronunciadas, pero tampoco era para tanto, así que, una vez que dejé de hacer el idiota (en la tercera rampa), subí bien. Además, hace años subí a la Giralda, y más o menos es igual, solo que la otra tiene escalones a partir de la parte cristiana. Pasamos por la puerta del archivo (donde, por supuesto, no te dejan entrar), por la habitación donde se escondían los que se acogían a sagrado (lo mejorcito de la sociedad murciana del s. XVIII-XIX), la habitación de los secretos, que es la habitación del reloj (tiene una bóveda más baja de lo normal y si te pones en una esquina y hablas bajito, en la otra esquina te oyen como por megafonía. El relojero, que vivía allí, debía de volverse loco...). Luego llegamos al primer balcón, que es donde salían a hacer los conjuros para auyentar todos los males de la ciudad (entre ellos, el exceso de agua).
Hasta aquí, todo bien. Pero a partir de este momento hay que utilizar una escalera de caracol estrechísima y muy, pero que muy empinada y, por supuesto, sin barandilla ni nada. Además, antes de empezar a subirla, el guía ya nos había metido miedo con las campanas y los balcones de arriba: "No os asoméis, se ve mejor desde dentro"; "no se puede pasar por debajo de las campanas; si suenan te pueden reventar los tímpanos, y te pueden machacar la cabeza". Así cualquiera sube con tranquilidad...
El cuerpo de campanas es el último lugar al que se puede llegar. La escalera continúa, pero la mayoría de la torre está hueca, así que no tengo muy claro que me gustara subir (porque si hay algo que me da más vértigo que mirar hacia abajo es mirar hacia arriba :S ). Cuando llegamos se puso a llover y había algo de viento. Cuando saqué la cámara, el guía me volvió a decir que no me acercara a la barandilla y le dije: "Mira, no me acercaría ni aunque me dieran dinero". Luego ya, lo típico: buscar mi casa, los lugares conocidos, las azoteas en las que me gustaría vivir... pero antes de que pudiera hacer una sola foto, ya teníamos que bajar porque los otros señores ya estaban cansados. En fin... volveré.

miércoles, abril 02, 2008

¿Quién se apunta?

En el blog Culturaciones se ha puesto en marcha un gran concurso literario que seguro os va a interesar muchísimo.
La obra de la que está sacada la idea es ésta, sobre la que ya escribí cuando era súper pequeña, allá por el 2006.
Os esperamos en Culturaciones.

lunes, marzo 31, 2008

Detrás del marco de la foto

Un poco al hilo de lo que comentaba la semana pasada, creo que es muy... no sé, gratificante, divertido, interesante... lo que sea, fijarse en lo que no está mirando todo el mundo.
Es como si cogieras una fotografía y la recortases para meterla en un marco de fotos. Nunca me ha gustado hacer eso. A veces lo mejor está fuera de plano, y yo no quiero perderme nada.
Por ejemplo, esta foto del primer cumpleaños de mi hermana (la distorsiono porque no sé si quiere salir).

Lo importante en esta foto es la escena del cumple: la tarta, la vela, los papás y la cumpleañera.
Pero, por suerte, a nadie se le ocurrió enmarcarla y cortar para siempre la cara de satisfacción de la que mete el dedo en la tarta mientras nadie mira.

lunes, marzo 24, 2008

Lo mejor son los pequeños detalles...

Parece que muy poca gente sabía cuánto me gustan las procesiones de Semana Santa. Muchos piensan que son un fastidio (que lo son), aburridas (que lo son), demasiado largas (que lo son)... pero es demasiado fácil y superficial quejarse de eso. Así que les voy a descubrir a ustedes un par de detalles en los que me gusta fijarme cuando voy a las procesiones.
Este año no he podido ir a todas las que habría querido, pero aun así he visto unas cuantas.


Una de las cosas que siempre me viene a la cabeza cuando estoy parada viendo la procesión pasar, es lo poco que soporto a ciertos ciudadanos. Me da por pensar que cuando sea vieja me haré ermitaña y viviré con muchos gatos, para no tener que estar cerca de esta gente. Es un pensamiento que no me agrada, así que trato de aprender de ellos para no cometer errores futuros.

Por ejemplo, estaba con mi padre y mi hermana viendo la procesión del Domingo de Ramos, la que sale de San Pedro. Mi padre se empeñó en sentarse, así que no podía huir. Pues bien, había una señora INSOPORTABLE que le gritaba a su bebé cuando venían los pasos: "mira, mira, dile cosas, pide caramelos, llama a Pepe!!!"

No creo que esté bien gritar en las procesiones, pero sobre todo, no puedes gritar "mira, ahí viene la Virgen, dile guapa!!!" al paso de San Juan. San Juan NO es la Virgen.

En la procesión del miércoles, la de mi barrio, estuve de pie junto a una familia de fuera de Murcia. Conforme hablaban, yo iba elaborando una lista mental de cosas que quería decirles:

-Aquí no se llaman costaleros; costaleros es cuando salen en las noticias de Antena 3.

-No son carrozas, son pasos o tronos.

-¡Coño! que no es la Virgen, es San Juan!!!!

Además de comentarios así (a mí no me perjudican; yo no soy la que pasa por tonta), siempre hay niños muy molestos, cobradores que se te plantan delante justo cuando intentas ver algo... por eso me gusta desconectar y fijarme en las cosas que a todos ellos se les pasa por alto.



Éste es el primer paso de la procesión del viernes por la mañana:

La Santa Cena. Francisco Salzillo, 1763. 1.168 kilos. 28 nazarenos estantes.

Si te fijas, ves que los limones son conejos.


Nuestro Padre Jesús Nazareno. Juan de Aguilera, 1601. 354 kilos. Llevado por 22 mayordomos.


El brazo derecho es articulado, pero nunca lo he visto moverse. Si te fijas, ves que las flores no son flores, sino capullos de seda.

lunes, marzo 17, 2008

Tal como éramos II



Éste es muy fácil, lo admito, pero... ¿quién podría resistirse?
Todavía no he encontrado el libro que busco, así que hago, otra vez, el análisis de cabeza. Vamos con él:
La primera fotografía data de 1927, según el matasellos del oficial de correos que mandó esta postal hace ya 80 años.
Bien, pues en ella puden ustedes ver, al fondo del todo, el Puente de los Peligros, que desde esa fecha ha cambiado muy poco, es decir, que no ha sido arrastrado por el río ninguna vez en todo el siglo XX.
Detrás de él, está la parte trasera del Palacio Episcopal, el Martillo. Y más allá todavía, el Instituto Ldo. Francisco Cascales. Todo esto está tal cual.
A la derecha del puente, se ve la torre del Parador del Rey, que no sé si en aquella época se llamaba así. Ahora también está, con el mismo color y todo, pero es una copia del edificio antiguo, que lo tiraron en los noventa. Ya hablaremos de él más adelante.
En primer plano, tanto a derecha como a izquierda, se ve el depósito de agua, y el edificio donde estaba parte de la maquinaria de los Molinos del Río. Al otro lado del puente, detrás de la torre, veríamos el otro edificio de los Molinos, que ahora es una sala de exposiciones.
Hala, mañana más.

sábado, marzo 15, 2008

Tal como éramos I

Como lo prometido es deuda, aunque tarde, aquí está el primero de mis humildes contracampos.
Esta primera fotografía es el Paseo de la Reina Victoria, allá por los años... a saber. Yo diría que en torno a 1940. Pero claro, como esa época la tengo ya un poco borrosa...
Y aquí tienen el mismo lugar el 11 de noviembre de 2007. Aunque el Hotel Victoria sigue estando a mis espaldas (ahora como casas particulares y un pequeño centro comercial), el Paseo como tal no existe. Ahora tienes que decir "Martínez Tornel", o "principio de la Gran Vía", aunque todo el mundo te entiende si dices "Hotel Victoria".
Este contracampo es un poco complicado por lo mucho que ha cambiado todo. Por ejemplo, todo el barrio de la izquierda, donde está esa pequeña terraza, desapareció una noche de los años 50, creo, para hacerle hueco a la Gran Vía. Pero vamos, que esto tengo que investigarlo un poco más, porque la cosa tiene miga.
Hala, con esto y un bizcocho... ya saben.


viernes, marzo 14, 2008

La primavera ha venido, y no sé cómo ha sido...


Ya es primavera en las calles de Murcia.
Llevaba semanas anunciándose, advirtiendo de que pronto vendría para quedarse... y ya está aquí.
Ya se huele a azahar y a claveles, y la gente se ha tirado, literalmente, a la calle.

miércoles, marzo 05, 2008

Kilos y kilos de lectura acumulada

Llevo ya varios días dándole vueltas, y es que mi extraña manía de llevar varios libros a la vez, al final ha podido conmigo.
Esta tarde he dado un repaso a la habitación para saber cuántos eran, por curiosidad, y así es como ha quedado la cama.Éstos son los libros que repaso por las mañanas (además de los que no me traigo de la biblio), los de lectura que tengo empezados, y algunos que están en cola.

Por ejemplo, Cinco moscas azules, de Carmen Posadas, que me lo compré el viernes, después de haber conocido a la autora. Cuando conseguí hablar con ella le dije: Tengo que admitir que nunca he leído un libro suyo; pero estoy enganchada a los artículos, muchas gracias.
Eso fue martes por la noche, y el viernes ya había empezado. Pero me obligué a dejarlo porque es materialmente imposible seguir así.
También hay tres libros que son regalo de Ludovica: Audrey Hepburn en el recuerdo, La bruja de Portobello, y el Manual de la perfecta cabrona, dos de mi cumple, y otro de esta Navidad.
¿Qué más? Ah, claro! Harry Potter, cómo no. En otras circunstancias ya lo habría terminado, como mi primo, que se lo leyó en día y medio, pero es que como ya me lo leí este verano por partida doble... pues me permito ir más despacio.
También está Nieve en Venecia, un libro del que me enamoré en el Fnac un día de agosto/septiembre pero no lo compré (creo que lo dejé para comprar El niño del pijama de rayas :S); luego lo volví a ver y me volvió a fascinar el resumen de detrás, pero tampoco lo compré. Después mi madre lo estuvo buscando para mi cumple por toda Murcia menos en esa tienda, así que no lo encontró, y ya no lo volví a ver. Fue en Madrid, en la Casa del libro, donde conseguí comprarlo el día del concierto de las Spice Girls.
Allí mismo también compré Cien años de soledad, un libro que ya había intentado que me comprara mi madre, también allí, cuando fuimos para la prueba de Antena 3.
En cuanto a Nieve en Venecia, igual que con El niño... me imaginé una historia bastante más de mi gusto que la que realmente cuenta, aunque el libro está bien. Puede ser que un día me lance a escribir mis propias versiones de éstos dos.
Cien años de soledad, no lo he empezado porque es demasiado gordo y no quiero dejarlo a medias, así que seguramente caiga en verano.
Y por último, Firmin, los últimos 16 euros y pico que me gasto en un libro hasta dentro de mucho, porque después del portátil estoy bastante pobre :( Sólo llevo unas 20 páginas, pero de momento, por lo menos, no está mal.
El resto, libros de los de estudiar. Hay algunos de los que estoy especialmente orgullosa porque son los primeros que me compré para el doctorado. Y los demás, de la biblioteca (que por cierto, ahora que lo veo, llevo retraso con el de Rodrigo Alsina; mañana lo devuelvo).
Bueno, todo este rollo venía a que me hacen falta varios pares más de ojos. Uf!

sábado, marzo 01, 2008

Trabajo, sueños y otras cosas

Acabo de tener un sueño. Pero no un sueño cualquiera, sino uno importante, de esos con sentido, así que, como ahora duermo rodeada de papeles y bolígrafos, he podido tomar nota antes de que se esfume para poder reflexionar sobre él.

Hace unos días, una compañera del trabajo (que tampoco sigue en la tele), intentaba convencerme de que llevara mi currículum con el de ella para ver si nos contrataban otra vez. Le dije que ni loca, porque no había nada que me apeteciera menos que volver allí. Es así; ahora soy más feliz. Peeeero es obvio que antes o después voy a tener que trabajar en algún sitio, al menos hasta que consiga una beca. Aquí es donde comienza el sueño.

Lunes (éste lunes) por la mañana. No sé cómo, estoy en la tele. Nos han llamado a las dos para trabajar en un programa en teoría informativo y de calidad (ya por la tarde comprobé que no era así). Vuelvo a mi antigua mesa, el chico que estaba allí retira con gusto sus cosas, mi antiguos jefes encantados de tenerme allí... todo bien, salvo que yo estaba preocupada porque no sabía a qué hora iba a salir y no iba a poder ir a la biblioteca a estudiar.

Va avanzando el día, y voy recordando todas las cosas que solía hacer en un día normal, y me imagino que estoy en la calle y hago una lista:
-La brisa en la cara.
-El sol del mediodía en la cabeza.
-El café de por las mañanas.

La lista iba a seguir, pero en ese momento me interrumpe uno de los jefazos. Hacemos el programa (que ya he dicho que al final no me gustaba), nos cuenta sus problemas como hacía siempre, hay mucho estrés por la redacción... vamos, lo que era un día normal.
Esto ahora escrito, y conforme pasan los segundos va perdiendo mucha emoción e intensidad, lo sé, pero os aseguro que he pasado toda la noche trabajando.

Mientras todo esto ocurría, yo seguía haciendo planes mentales para ver cómo podía hacer para organizarme de nuevo la semana. Más avanzado el día, lo que quería era irme de allí y no volver el martes. Al fin y al cabo, me habían liado para estar allí, porque yo no conseguía recordar cuándo demonios les había pedido que me dejaran volver. Seguro que todo había sido culpa de la otra. Llegado a este punto, tengo que decir que la otra no era realmente la otra sino un personaje de ficción que, para que me entendáis más, es más o menos como la "zorra implacable" de House (pero tampoco era esa).

Al final del día, cuando ya estaba de noche (el momento habitual de salir de la tele), mientras el jefazo de antes intentaba hacerme una serie de tests que, según él, demostrarían si yo iba a seguir trabajando o estudiando, el otro jefazo se acerca muy muy enfadado al despacho, y se descubre todo el pastel: la otra, cansada de que le dieran largas para volver, se había inventado que nos habían contratado, con el pensamiento de que, si hacía muy bien el trabajo mientras que no se sabía la mentira, luego la dejarían allí (¿por qué me metía a mí en esto?).

Al poco, suena el Please don't stop the music que me despierta todos los sábados a las 7:30. Y cojo el móvil y lo apago encantada, y doy gracias a lo que sea porque necesito hacer lo que estoy haciendo, aunque me levante un sábado a esta hora. Siempre está bien ver amanecer...

pdt.: no me da tiempo a corregir porque, claro, tengo clase; así que perdón por los fallos.

viernes, febrero 22, 2008

Sobre ovejas y protestas

"Se han prometido al pueblo español cosas fantásticas, sin que piensen por un momento si se pueden realizar, porque eso, la realización de sus promesas, importa poco a los políticos que buscan sólo halagar a las muchedumbres que les escuchan con palabras tremebundas y excitándolas, para que, así, borrachas, inconscientes, vayan como un rebaño de ovejas a las urnas, o como un rebaño de búfalos a la revolución. A eso se llama democracia, y cuando se les inculpa por esa conducta, dicen que a las masas no se les puede hablar de asuntos difíciles, porque las masas no los entienden. Esa es la idea que tienen de las masas esos pseudodemócratas. Pero yo os digo que la idea más difícil del mundo puede ser expuesta de manera que la comprenda el entendimiento más humilde y el alma más inculta, si el que la expone la piensa antes de verdad y pone un poco de calor, un poco de entusiasmo para transmitirla al prójimo menos ilustrado [...]".
"La política democrática es sin duda algo que se hace por el pueblo. Toda la verdadera política democrática tiene que ser educación y enseñanza del pueblo. No hay, pues, excusas: los que no comunican al pueblo con precisión sus ideas sobre el Estado que van a hacer es que no las tienen y, hallándose por dentro vacíos, transmiten a las muchedumbres esas vacuidades interiores en sus discursos. Esto es lo que no puede ser, esto es de lo que tenemos todos que protestar".

ORTEGA Y GASSET Escritos políticos.

sábado, febrero 16, 2008

Sweeney Todd. El barbero diabólico de la calle Fleet.

Sangre, sangre, y más sangre. Sip.
Eso es lo que nos encontramos ayer José Manuel y yo en un intento desesperado de despejarnos tras cinco horas seguidas de clase. Que la clase está muy bien, no digo yo que no, pero cinco horas con un descanso de 10 minutos es muy superior a mis fuerzas.

Así que a la salida nos fuimos al cine. Bueno, exactamente a la salida no; como conducía yo, el camino hasta el cine se alargó algunas calles de más.
El caso es que llegamos al cine y nos pusimos en la cola mientras elegíamos película, y la que mejor pintaba era la del barbero asesino.
Empezó muy al estilo Tim Burton: oscura, sucia, victorianos blanquecinos y ojerosos... lo normal.
PERO también muy al estilo de Burton, era un musical. Un musical de los que no me gustan.
Porque hay musicales fantásticos, pero otros que son... ¿cómo decirlo? Un bodrio.
Algún día hablaré sobre los musicales que me gustan, pero la peli del barbero es de los que no soporto. Una cosa es que te pongas a cantar algo con melodía y sentido, y otra que simplemente canturrees sin ton ni son. Sin venir a cuento, vamos. Y la mayoría de canciones de la peli eran así. Además, quedaba bastante surrealista el barbero cortando cuellos mientras cantaba.

En fin, quitando ese pequeño detalle inesperado (en el tráiler escuché un poco de una canción, pero me pensé que sería de coña y que sólo cantarían esa :S ), es una película de lo más sangrienta. Hay sangre por todas partes. Sangre, sangre, sangre... y cuando pensabas que no podía haber más sangre... pues sí, en un cuerpo humano hay más sangre. Sangre a chorros, a borbotones.
Kill Bill vol.1, por ejemplo, también tiene una escena con mucha sangre, esa que se va a Japón a cargarse a 500 personas con su catana súper afilada, pero es una sangre muy de cómic, muy irreal.
En cambio, el señor Sweeney Todd revanaba cuellos que salpicaban mucha mucha sangre (agh, odio escribir la palabra sangre tantas veces), cuellos que se quedaban un rato abiertos mientras aquello chorreba. Total, que salí del cine mareada perdida.
Por otra parte, es genial que sólo cortara cuellos, porque con la cantidad inhumana de tostones que me había zampado, no hubiera podido soportar cualquier otra cosa fuera del cuerpo.

De todas formas, que no parezca que la película no me gustó, porque tampoco diría eso. Además, merece la pena ir a verla, aunque sólo sea porque sale Alan Rickman, que siempre es un punto a favor.

martes, febrero 12, 2008

¿Quién se podría haber resistido a la tentación?

Este finde montaron en el jardín de Floridablanca, el de mi barrio, un mercadillo medieval. Como el viernes salí de carnaval con Ludovica y cía., tuve que esperar al sábado para poder ir.
Estaba hasta los topes de gente de dentro y fuera del barrio, pero casi todas eran caras conocidas, algo que me trasladó por unos instantes al pueblo de Stars Hollows.
Había de todo: ponys, monedas antiguas, cofres del tesoro, minerales y fósiles, libros, dulces dulces y más dulces, manzanas de caramelo, tiendas con brujas y bolas de cristal... iba paseando y de pronto me encontré con un puestecillo abarrotado hasta los topes de lámparas antiguas... y una llamó mi atención.
Sin pensarlo dos veces la compré y la llevé envuelta y bien agarrada hasta que llegué a mi casa.
El momento que tanto había esperado... iba a frotar mi propia lámpara de genio!!

sábado, febrero 09, 2008

Sentando la cabeza


Pasados unos días desde mi última determinación, explico un poco de qué iba la cosa, porque hay quien se ha liado un poco (jeje).

Hace un par de semanas que (por fin) empecé los cursos de doctorado, algo que algunos ya sabíais. Lo que a lo mejor no era tan conocido era mi pavor hacia este proyecto. Un pavor que se enfrentaba directamente con mis ganas de que salga bien y de conseguir mi propósito final.

Así, superada la primera semana como jubileta (una gran prueba psicológica), y ahora también el primer mes como estudiante recuperada del mundo laboral, puedo decir que mi plan de rehabilitación marcha según lo previsto. ¡Ya está bien de tanta tontería y tanta gaita!

Por lo pronto, he vuelto a familiarizarme con ese lugar llamado biblioteca, y ha sido fascinante su redescubrimiento no habiendo exámenes de por medio. Así que martes, miércoles y jueves pasé todas las mañanas entre libros de teoría, lo que sumado a las 15 horas de clase entre jueves, viernes, y hoy sábado, creo que ya estoy preparada para comenzar la jornada intensiva el lunes.
La prueba de fuego fue ayer, que salí de carnaval con unas amigas, y en vez de seguir con la fiesta, me fui a mi casa para repasar un poco antes de acostarme. Eran casi las dos, me tenía que levantar a las ocho, y me hubiera encantado irme a bailar con las demás, pero en ese momento, con el libro en la mano, me sentí un poco orgullosa de mí misma (aunque pueda estar un poco mal decirlo).

Sigo sin tener objeto de estudio, pero en los últimos días mi capacidad para generarlos ha aumentado bastante, así que yo creo que la semana que viene, cuando haya leído más, caerá uno más o menos aceptable. Para eso me está ayudando bastante dar un repaso a todas las tesis que se han hecho sobre comunicación (sólo españolas), y ver sobre qué la hicieron los que ahora van a ser mis autores de referencia. De entrada, he podido ver con cierto alivio que la tesis no tiene por qué suponer un encasillamiento perpetuo en un determinado tema.

Y por último, por fin he encontrado el artículo que había leído de Marta Rizo (ver el post del congreso), y no es el que yo pensaba en un principio. Me ha vuelto a sorprender mi memoria, porque podía ver el nombre de la autora escrito en el folio; es más, podía incluso reconocer el tipo de letra y hasta el tamaño... pero no podía leer el título!! Pues bien, hoy en clase, de pronto, me he acordado (a buenas horas!).
Pdt.: Esto último no tiene mucha importancia, pero es que, ¡hay que ver lo que es la mente!

martes, febrero 05, 2008

Voy a perder el miedo

"Voy a perder el miedo
el miedo a perder.
Voy a aprender poco a poco
a ser quien quiero ser".
Lo escribo en naranja porque es una canción de Alaska. Quedaros con la fecha de hoy, porque hoy soy mayor que ayer. Soy mayor que ayer y he decidido que hasta aquí han llegado las dudas, los madresmías y las crisis existenciales estúpidas. Ha llegado el momento de avanzar y de luchar por aquello que quiero conseguir. Dicho esto, me voy a seguir estudiando.

sábado, febrero 02, 2008

Una intrusa entre investigadores


Hace algo más de un mes, vi el anuncio de un congreso en el Portal de la Comunicación, y decidí apuntarme; si el congreso no estaba bien, al menos saldría de viaje.
En aquel momento no era consciente de la enorme importancia de este acontecimiento. De hecho, creo que muchos de los que fueron no se esperaban tanto éxito.

Yo allí era realmente una intrusa: no presentaba ninguna comunicación, no soy profesora, ni investigadora, ni nada de nada. Sólo he ido tres días a los cursos de posgrado.
Ser una intrusa no era del todo un inconveniente, ni mucho menos. Me permitió observar todo desde una perspectiva que muchos ya querrían. No tenía nada que perder, pero todo por ganar.
Sabía que estaba rodeada de toda esa gente que ha aparecido en los apuntes durante la carrera, pero de vista conocía a muy pocos. Así pude hablar con ellos con toda la inocencia y libertad del mundo (algo que no estoy segura de que fuera bien recibido, pero nadie dio muestras de que eso le molestara).
Mi decisión de asistir al congreso fue muy aplaudida por alguna gente, algo que finalmente terminó de convencerme de que había hecho bien en ir.

Durante estos días, he tenido la enorme oportunidad de escuchar a Enrique Bustamante, Mª Luisa Humanes, Enric Saperas, Rosa Berganza, Manuel Martínez Nicolás, Manuel Martín Algarra, Juan José Igartua, Jesús Timoteo Álvarez, Marta Rizo (mi momento estelar fue: "estoy segura de que he leído algo tuyo". Y es verdad que lo he hecho, pero no recordaba el nombre del artículo), Esteban López Escobar, Rodrigo Alsina,Teresa La Porte, Leonarda García... y otro montón de grandes (unos más que otros) de la investigación.

También he conocido a muchos profesores de las universidades de alrededor (que nunca viene mal), y he vuelto a mi casa con dos tarjetas de visita, que por lo visto es costumbre repartirlas en los congresos (tengo que enterarme de eso).

También me ha servido para hacer importantes reflexiones sobre el inmenso proyecto en el que me acabo de embarcar: he empezado un embarazo de 4 años:
Hay tres preguntas que una mujer embarazada escucha hasta la saciedad durante los primeros meses, que es precisamente cuando menos sabe de lo que le espera:
-¿Para cuándo es?
-¿Es niño o niña?
-¿Qué nombre le vas a poner?
Pues bien, hay tres preguntas que una estudiante de posgrado recibe una y otra vez durante las 24 horas del día (esté en un congreso o en la panadería):
-¿Para cuándo es?
-¿De qué va la tesis?
-¿Quién te la lleva?

A Miquel Rodrigo Alsina, que tuvo el honor de ser el primer interrogador del congreso, le expliqué que no lo sabía; a los profesores de la UMU les hablé sobre algunos temas de mi interés; al tercero, Aguado, le contesté antes de que terminara la primera pregunta: "llevo una semana, no lo sé, y no sé quién me la lleva", lo que le provocó una gran carcajada. Lugo me disculpé y le expliqué todo desde el principio. Después, opté por inventar diferentes temas de tesis según con quién estuviera hablando.

En fin, como ya llevo bastante rollo por hoy, seguiré otro día con el resto de conclusiones del congreso.

lunes, enero 28, 2008

Dios mío...¡que me voy de viaje!

Madre mía, estoy atacadísima de los nervios!!
Mañana a estas horas estaré sobrevolando vuestras cabezas hacia la otra esquina del país.
Llevo más de un mes planeando este viaje, y he hablado de él continuamente desde hace días pero... parece que nunca terminas de hacerte a la idea de que te vas de viaje hasta que un día te acuestas y de pronto vuelves a encender la luz, miras el calendario y dices "dios mío, pero si me voy pasado mañana!!", que es justo lo que me pasó a mí el otro día.

Ahora mismo estoy atacadísima de los nervios, con la maleta sin hacer, y hablando muy muy rápido, y eso que estoy sola en mi casa!! (Uf) Pero por lo menos he conseguido terminar la lista de todas las comunicaciones a las que quiero ir.

Tengo una maleta nueva, unas botas de agua (que seguramente no me llevaré), un abrigo nuevo y unos bambos nuevos... guantes, bufandas, gorros... ojalá nieve!

Hoy ha tocado día de visitas. Mi familia está siempre muy pendiente de mí, así que desde hace dos días no para de llamar gente y de invitarme a su casa, y a tomar cafés, y de decirme "llévate esto", "llévate esto otro", "has llamado a la tita Carmen?" (ups, al final no la he llamado).

En fin... que os dejo por unos días, ya os contaré. Pero ahora me voy corriendo a por unas cosillas que me faltan y a hacerle la tercera visita de hoy a mi abuela. BYe!

viernes, enero 25, 2008

Spice Girls Capítulo 3

Madrid, 23 de diciembre. Día D. Más cerca de la hora H.
Otro día continuaré hablando de mi extraño paseo por las calles desiertas de Madrid, pero ahora hay que seguir con las Spice Girls.

Toda mi vida había querido ir a ver a Alaska, pero tengo que decir que esa espera fue mucho más corta que la de este concierto. Todo el jaleo empezó en junio o julio, cuando Yosua me comentó lo de la gira. Automáticamente me apunté al viaje, aunque no pudiera ir al concierto: quería estar en Madrid una noche así.

Pasaron las semanas, y entonces hubo que apuntarse a un sorteo que te daba opción a comprar 6 entradas antes de que salieran a la venta corriente.

Los últimos días de septiembre empezaron a salir los ganadores de los sorteos de cada ciudad a la que iban. Por fin, a primeros de octubre salió Madrid y me tocó entrada. Sin pensarlo ni media vez más, la pagué y luego comuniqué en mi casa que era de verdad que me iba.

Siguieron pasando las semanas, y luego los meses y, por fin, llegó la semana del concierto. Me puse mala, empezamos a oír rumores de que se iba gente a la calle, y nos finiquitaron, así que tampoco cobramos la extra hasta mucho tiempo después (ya en enero). Todo esto ayudó a deslucir considerablemente mi semana favorita del año: la de antes de Navidad.
Aviso para el año que viene: ni conciertos, ni viajes, ni nada; que nada ni nadie me moleste esa semana, porque me enfado.

Todo este tiempo, unos cinco meses, de pronto se convirtió en diez años.
Pasó en la cola, cuando llevábamos en la puerta del Madrid Arena más de dos horas. Quedaba menos de un metro para llegar hasta la valla; estábamos cogidas del brazo para no separarnos, como si fuéramos amigas de toda la vida (conocí a las amigas de María apenas unas horas antes).

Acabábamos de pasar uno de los peores momentos de nuestra vida cuando la gente del final y la de los lados habían empezado a empujarnos (la peluca naranja gigante que llevaba en la mochila me salvó, de verdad), pero allí seguíamos nosotras, bastante separadas unas de otras pero agarradas como si nuestra vida dependiese de ello. En ese momento, fue cuando pasaron los diez años. Por un segundo dejé de estar en la cola y volví al patio del colegio, a la cinta de cassette, al póster que rompí porque un día me peleé con mis amigas por culpa de las jodías Spice, a la pulsera de Victoria que, de repente, todas queríamos porque era la única que había en la tienda (y nos volvimos a pelear), volví al día en que nos disfrazamos de Spice Girls y había una repe porque éramos seis...


Seguirá continuando...

miércoles, enero 23, 2008

Spice Girls Capítulo 2

Madrid, 23 de diciembre. Día D.

El despertador sonó sobre las 6, o quizá era antes. Varias veces más, me negué a salir de la cama a aquellas horas, así que los otros tres cogieron lo que quedaba de la caja de donuts que habíamos cenado por la noche (único sustento que se llevaban para todo el día; ni agua ni nada de nada), sus pelucas, sus boas y una manta, y se fueron. Aquí termina mi historia con ellos hasta muchas horas más tarde.
Ya que estaba despierta (en la calle Fuencarral todavía había mucho jaleo a esas horas), hice una lista de todos los sitios a los que tenía que ir esa mañana, y me volví a dormir hasta las 8:30.
No sé si fue por el despertador, o por el silencio sepulcral que había de pronto en la calle, pero me vestí y me lancé al exterior.
Un domingo a las 9 de la mañana no hay NADIE en Madrid. Pues mejor para mí. En lugar de tropezar con la gente o hacer cola para pasar entre una pared y un quiosco, tenía que andar dando vueltas sobre mí misma para asegurarme de que nadie se me acercaba, pero eso era lo de menos. Lo mejor era que tenía Madrid para mí solita.
La calle Fuencarral sí que daba un poco de miedo; al salir sólo me tropecé con tres prostitutas y dos barrenderos. Nadie más.
Así que eché a andar sin rumbo ni destino. Al llegar a uno de los extremos de la Gran Vía pasó algo. Iba yo sola, como en una peli de miedo, y de pronto me encontré rodeada de policías y ambulancias del SAMUR. Había por lo menos 20 agentes y varios coches que bloqueaban todo un carril. Y allí, en medio, yo.
Tenía la horrible sensación de no tener que estar allí en ese momento, pero no parecía que ninguno de ellos me hubiera visto. Me paré en seco intentando ser invisible y rezando para no estar en el centro de algo grave.
Entonces fue cuando vi el coche destrozado y el cristal roto. Más tarde, mi hermana me habló sobre un alunizaje que salió en las noticias, así que sería eso.
Tenía pensamientos de ir a San Ginés a desayunar pero como no me pillaba de camino, seguí andando. Así, llegué hasta el Café de Gijón, donde sólo había un señor, que me tomó por madrileña, y charlamos sobre los turistas. Aqúel lugar es fascinante. Sus paredes han sido testigos de la historia, de la literatura, del arte...

Continuará...