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Fangoria en cartel, no hacía falta más.
Entramos a trabajar poco antes de las 10 de la mañana y abandonamos la tele algo después de las 9 de la noche. El aire helado se nos colaba por la ropa de verano, no habíamos comido nada desde las 2, estábamos cansados, y nos esperaba un viaje de tres cuartos de hora por una carretera por la que yo no había conducido nunca.
Pero a cabezonería no nos gana nadie. Mira Yosua, le dije, hay luna de concierto. Una lunaza enoooorme salía por detrás del Puerto de la Cadena, anticipo de una noche genial.
Llegamos a Cartagena a las sobre las 10, hora a la que empezaba el concierto. Confiábamos ciegamente en que Fangoria saldría detrás de un tal Humano y de OBK, así que aprovechamos para meternos a cenar en el primer sitio con aseo que encontramos, un Telepizza tranquilito que, a los dos minutos, estaba abarrotado de adolescentes celebrando las fiestas de Cartagena y algún cumpleaños.
Las indicaciones para llegar al lugar del concierto eran sencillas: sigues esta avenida, haces la rotonda en la Plaza de España y todo pabajo pabajo hasta el puerto.
Seguimos la avenida y llegamos a la plaza, que estaba cortada por un desfile cutrecillo de Cartagineses y Romanos, así que dejamos el coche en un párking, pensando que habíamos tenido la idea más brillante de nuestra vida. Como de costumbre, ólvidé mirar el número de la plaza de aparcamiento.
Después de andar media hora larga por la orilla de todo lo que es la Cartagena naval, a oscuras y por paseos desiertos, vimos las luces del concierto. Lo que se escuchaba no era Alaska, menos mal. El caso es que el descampado del concierto estaba en alto. ¿Por dónde se sube?
Horas después, al terminar el concierto, vimos que había una escalera preciosa, nueva e iluminada, pero en ese momento nosotros subimos por una guarida de yonquis, oscura, húmeda y con demasiados restos humanos.
En el concierto encontramos a una compañera de clase (bueno, habíamos quedado con ella) y con su prima, una chica que sentía la extraña necesidad de conocer a TODO el mundo que había allí. De vez en cuando se perdía de vista, y aparecía con dos o tres personas: Yosua, Paloma y María, éste es nosequién. Y nosotros venga a dar besos a medio universo. Un chico y una chica de los que trajo, muy simpáticos ellos, trabajaban en ir a las fiestas que hacía Amstel, para ver si la gente se lo pasaba bien. Cuando salió Alaska al escenario, directamente alucinaban con nosotros.
Tengo que reconocer que somos unos fans de los que gritan con ganas, hacen las coreografías y se saben las letras. Vamos, de esos de los que te mueres de risa nada más verlos.
Para este concierto cometí la genialidad de no llevarme mis zapatos del Mago de Oz, porque presentía que el suelo sería de tierra (acerté!!!), así que no iba dando la nota, pero para el próximo, me pongo en primera fila con el tío de la peluca naranja, que es el mismo del concierto de este verano.
Por suerte mi amiga y su prima nos acercaron en coche hasta el aparcamiento, aunque íbamos bastante apretados los cuatro en un c2 con una silla de bebé. Eran las tres y algo cuando entramos al párking, y descubrimos que habíamos perdido el coche. Allí vimos a una panda de tíos súper raros, así que por tercera vezaquella noche, Yosua y yo temimos por nuestra integridad física. Juro que uno de ellos era como el Ken de la Barbie pero con un poco más de músculo y el pelo por los hombros; el mismo color de piel marrón antinatural, los mismos piratas blancos y la misma camiseta de tirantes amarilla que acostumbra a llevar el muñeco.
Diez minutos más tarde, encontramos el coche. Cuando cruzamos Alcantarilla para dejarle, pasamos frente a la casa de una compañera que no nos cae muy bien, y propuse tocarle un rato el timbre, pero cuando casi había convencido a Yosua nos dimos cuenta de que no sabíamos exactamente cuál era su casa y, ante la negativa de tocar los dos que teníamos en duda, lo dejé en su casa y me fui a la mía.
A las 4 y 30 caí rendida en la cama, a las 8 me despertó mi hermana a gritos para que le firmara un papel, y a las 10 estaba otra vez trabajando.
Es duro se groupie de Alaska, pero merece la pena.